DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA CORRUPCIÓN

De acuerdo con organizaciones especializadas como Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana, México -al igual que algunos otros países de la región- enfrenta un grave problema de corrupción. Este fenómeno no es privativo de clases ni entornos sociales determinados: surge como una condición estructural que tiene repercusiones importantes no sólo en la economía, sino también en la percepción que como ciudadanas y ciudadanos tenemos de las instituciones y de nuestras autoridades.

Desafortunadamente, esta percepción ha marcado una idea lapidaria que, lejos de promover la generación de cambios estructurales para el combate de este flagelo, ha contribuido a su normalización. Se piensa que en México predomina la cultura de la corrupción, y que ésta constituye un modo de ser ineludible, un componente legítimo de nuestro repertorio cultural; que la corrupción constituye un modo de vida indispensable para el progreso económico y social de nuestro país.

Hoy, 9 de diciembre, Día Internacional Contra la Corrupción, es una ocasión propicia para replantear y reorientar este tipo de percepciones sociales y colectivas que comúnmente se tienen sobre la corrupción, generando esquemas de transformación institucional, ideológica y social. Necesitamos, como decía el anterior eslogan de la Organización de las Naciones Unidas, “romper la cadena de la corrupción” y con ello romper también los esquemas de percepción social arraigados que aún dominan nuestro ideario cultural.

La corrupción, como muchos de los males, no es absoluto ni inmutable. Es una problemática que puede ser contrarrestada con voluntad y conciencia colectiva. Está en nosotros y está en las instituciones. Para lograrlo, es crucial la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción. Necesitamos fortalecerlo desde la perspectiva ciudadana y aplicarlo sobre la base de una auténtica convicción de cambio. Sólo de esa manera podremos generar condiciones de transformación social que promuevan la disminución de los niveles de corrupción y, con ello, hacer de México un país más transparente, más productivo y más democrático.

Sergio Huacuja

 

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