SERENDIPIA

SERENDIPIA

Testimonio de Ana Paula Rumualdo

Hacer una maestría en el extranjero es una experiencia sumamente enriquecedora, pero decirlo (o escribirlo, en este caso) suena a un lugar tal vez demasiado común. ¿Es que acaso alguien la pasa mal? Si es algo tan bueno, ¿por qué no todas las personas que desean hacerla en algún punto de sus vidas lo logran? Las respuestas varían dependiendo de cada caso, pero se puede encontrar un punto de cierta coincidencia: el financiamiento, la lana. En mi caso, la idea del dinero estuvo a nada de truncar mi propósito. Les cuento la historia desde el principio.

Me independicé de la casa familiar apenas terminé la carrera, quería probar suerte por cuenta propia. Mi sueldo inicial era bajísimo, pero aguanté porque me gustaba la materia en la que trabajaba, aunque mis posibilidades de crecimiento profesional eran inciertas. La idea de estudiar en el Reino Unido rondaba mi mente desde hacía años, aunque estaba consciente de que nadie me iba a disparar los estudios. Sabía que existía CONACyT pero, malas noticias, mi carrera no entraba dentro de sus áreas prioritarias, de modo que al analizar mi solicitud, me enviarían a la cola. Por ahí del tercer año trabajando eché números para ver qué tan cercana o lejana andaba mi meta de irme y quedé muy decepcionada al darme cuenta que la respuesta era: muy lejos. Decidí postergar la aventura indefinidamente y concentrarme en mi desarrollo profesional. En un parpadeo pasaron 6 años más. Tenía un ingreso mejor, pero no me había detenido a reconsiderar la vuelta a las aulas. En ese entonces escribía esporádicamente en una importante revista cultural acerca de las intersecciones entre tecnología, leyes y ciencia ficción. Había logrado hacer lo que quise al iniciar la carrera: unir la pasión por las letras, con la curiosidad y las posibilidades tecnológicas y el conocimiento de las leyes. Mi interés académico se centró en ese tema, así que me puse a buscar universidades británicas que contaran con un programa novedoso que involucrara tecnología y leyes. No buscaba telecomunicaciones, quería algo más. Después de muchísimos clicks di con la maestría en Innovación, Tecnología y Ley en la Universidad de Edinburgh, que incluía robótica y ley e inteligencia artificial y ley como parte de su programa. Me brillaron los ojos cual animé japonés.

A partir de entonces, entrar en ese programa se volvió mi prioridad. Encontré la convocatoria CONACyT-FUNED y noté que estaba destinada a áreas no prioritarias de la convocatoria CONACyT. Me quedaba como anillo al dedo. Me aceptaron en la universidad y el tiempo que siguió se fue entre organización de papeles y trámites para la beca/financiamiento. Cuando los obtuve sentí que ya tenía un pie del otro lado, únicamente me faltaba tramitar un último documento: la visa. Sin ella todo se podía echar para atrás. Qué nervios. Al final me la dieron bien a tiempo y poco tiempo después estaba en el avión con rumbo a lo que sería mi ciudad adoptiva durante un año.

Edinburgh es la capital de Escocia, se encuentra al norte de Reino Unido. Es famosa por el whisky, el tartán, las gaitas, Trainspotting y J.K. Rowling. La universidad es conocida por haber clonado a Dolly y ser el alma mater de David Hume, Charles Darwin, Flora Phillip, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle, R.L. Stevenson. Estaba fascinada. La semana de bienvenida fue genial. Tuve oportunidad de recorrer la universidad completa y mirar todos sus recursos. Su biblioteca, sobre todo la virtual, era un sueño hecho realidad.

Al comenzar el postgrado venía de un ritmo de vida inercialmente acelerado. Dedicarme a estudiar de tiempo completo de nuevo me obligó a hacer una pausa y a evitar que el tiempo se me siguiera escurriendo sin notarlo. Decía Groucho Marx que el tiempo vuela cual plátano. Esa frase siempre me dio risa, pero no la había creído hasta ese momento. Tiene razón, el tiempo no vuela, yo era inconsciente de su paso.

Otra cosa interesante que me dejó la maestría a nivel humano fue el haberme situado en la piel del otro. Al vivir en modo residente fuera de México te toca ser el diferente, el que no es de ahí. Mi otredad terminaba siendo, para los que interactuaban conmigo, la probable explicación a muchas cosas. La gente es amable e inclusiva y Edinburgh es una ciudad muy estudiantil, llena de otros recién llegados. Los nativos parecen haberse acostumbrado a la población en constante cambio en una ciudad que cada año se llena de ojos nuevos y expectantes.

Lo que estudié fue simplemente maravilloso. Cada día aprendía algo nuevo, leía un paper diferente. Leí y analicé hasta el cansancio, tanto que en algún punto sentí una expansión de memoria, cual si fuera máquina. Nada me dio más satisfacción que el conocimiento nuevo. Nada me hacía más feliz que los libros de abogados serios y profesionales cuyos prólogos tienen montón de referencias de ciencia ficción, estar en clases con crítica fundada y debate de buen nivel.

Regresé feliz, con la memoria llena de atardeceres rojos, recorridos espléndidos y un nuevo e inesperado sendero profesional en la mira.

UNIVERSITY OF EDINBURGH (REINO UNIDO)

INNOVATION, TECHNOLOGY AND THE LAW (LLM)

 


 

Texto publicado originalmente en el blog de FUNED.

DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA CORRUPCIÓN

De acuerdo con organizaciones especializadas como Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana, México -al igual que algunos otros países de la región- enfrenta un grave problema de corrupción. Este fenómeno no es privativo de clases ni entornos sociales determinados: surge como una condición estructural que tiene repercusiones importantes no sólo en la economía, sino también en la percepción que como ciudadanas y ciudadanos tenemos de las instituciones y de nuestras autoridades.

Desafortunadamente, esta percepción ha marcado una idea lapidaria que, lejos de promover la generación de cambios estructurales para el combate de este flagelo, ha contribuido a su normalización. Se piensa que en México predomina la cultura de la corrupción, y que ésta constituye un modo de ser ineludible, un componente legítimo de nuestro repertorio cultural; que la corrupción constituye un modo de vida indispensable para el progreso económico y social de nuestro país.

Hoy, 9 de diciembre, Día Internacional Contra la Corrupción, es una ocasión propicia para replantear y reorientar este tipo de percepciones sociales y colectivas que comúnmente se tienen sobre la corrupción, generando esquemas de transformación institucional, ideológica y social. Necesitamos, como decía el anterior eslogan de la Organización de las Naciones Unidas, “romper la cadena de la corrupción” y con ello romper también los esquemas de percepción social arraigados que aún dominan nuestro ideario cultural.

La corrupción, como muchos de los males, no es absoluto ni inmutable. Es una problemática que puede ser contrarrestada con voluntad y conciencia colectiva. Está en nosotros y está en las instituciones. Para lograrlo, es crucial la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción. Necesitamos fortalecerlo desde la perspectiva ciudadana y aplicarlo sobre la base de una auténtica convicción de cambio. Sólo de esa manera podremos generar condiciones de transformación social que promuevan la disminución de los niveles de corrupción y, con ello, hacer de México un país más transparente, más productivo y más democrático.

Sergio Huacuja

 

Publicaciones

La contratación de bienes, arrendamientos y servicios en la Administración Pública Federal

Mto. Sergio Eduardo Huacuja Betancourt

Mto. Fernando Gómez de Lara

 

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“La presente obra es producto de la unión intelectual de los destacados juristas Fernando Gómez de Lara y Sergio Eduardo Huacuja Betancourt, cuya inquietud para concebirla ha sido aportar sus conocimientos adquiridos a lo largo de muchos años de experiencia profesional al análisis detallado de los acuerdos de voluntades que resultan de la aplicación de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público (LAASSP), su reglamento y demás disposiciones aplicables en esta materia, con el propósito de coadyuvar, con los servidores públicos de la administración pública federal relacionados con los mismos, a una mejor aplicación de la norma”.

“Los autores proporcionan una visión sistemática de la contratación de bienes y servicios del gobierno federal, con un doble enfoque: el primero eminentemente didáctico y el segundo muy práctico, a efecto de que se pueda llegar al análisis de figuras específicas, con criterios profesionales y aspectos útiles del día a día de esta clase de contratos”.

“Los especialistas dejan de manifiesto que la contratación pública en México presenta un reto mucho mayor al expuesto modestamente en este trabajo, en virtud de la interdependencia que tendrá en breve, como consecuencia de la reciente expedición y aplicación de la legislación secundaria en diversas áreas de la disciplina administrativa”.

“La obra, circunscrita a la LAASSP, permite a los lectores comprender clara y fácilmente el régimen legal de este tipo de contratos públicos”.

“La brevedad y la sencillez son dos grandes virtudes de esta obra, la cual se traduce en una concisa pero brillante explicación que abarca desde los fines del Estado y los propósitos de la contratación pública hasta sus ámbitos de validez y, por supuesto, los procedimientos de adjudicación de los contratos”.

“Se trata de una obra que a los especialistas de la materia les resultará refrescante, y a los nóveles de la materia les proporcionará una verdadera claridad de ideas”.

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El libro se presentó el 20 de octubre de 2016, en el Aula Magna de la Universidad Panamericana:

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The Principle of Self-defence as a Deterrent for the Deployment of Robots in the Battlefield

By Ana P Rumualdo

  1. Do Robots Have a License to Kill During War?

In his article ‘The Paradox of Riskless Warfare’, Paul Kahn (2002) argues that the justifying condition for combat is the fact that opponents in both sides put themselves at risk and act in self-defence:

“… combatants are allowed to injure each other just as long as they stand in a relationship of mutual risk. (…) The morality of the battlefield, accordingly, is a variation on the morality of individual self-defense. The soldier’s privilege of self-defense is subject to a condition of reciprocity.” (Kahn, 2002, p.3)

For as long as “the only alternative to a combatant’s own injury or death may be the successful injuring of another” (Kahn 2002, p.2), a space is created where combatants are granted a license to kill (Kahn, 2002). According to this, combatants are authorised to injure or kill their opponents. Still, each army will be trying to create an asymmetrical situation in which the enemy suffers more risk of injury while its own forces stay safe (Kahn, 2002). The quest for asymmetry is very likely to put an army in a favourable position, but when it undermines reciprocity “the paradox of riskless warfare arises” (Kahn 2002, p.2). Therefore, Kahn (2002) claims that since reciprocity of risk is the core requirement for combatants to injure each other while acting in self-defence, any injury outside the limits of self-defence is excessive and should be forbidden because it is morally unjustifiable. For that reason he considers that robots are an example of unjustifiable force that lacks reciprocity and is outside the realm of war ethics:

“A regime capable of targeting and destroying others with the push of a button, with no human intervention but only the operation of the ultimate high tech weapon, propels us well beyond the ethics of warfare. Such a deployment of force might be morally justified (…) but we cannot appeal to the morality of warfare to justify this mode of combat.” (Kahn, 2002, p.3).

If this were true, it would be necessary to outlaw the deployment of robots in the battlefield since they do not bear any ‘real’ risk, nor do they act in self-defence. However, those claims are based on out dated reasoning from the fifteenth and sixteenth centuries. To prove it, this essay will argue that self-defence and risks, in the way that are represented by Paul Kahn, are not the justification for combatants to injure the enemy, nor the moral justification of combat and argues that there are no changes needed in the current legal framework to allow robots in the battlefield and therefore urges for them not to banned.

 

  1. A Few Good Men (of Honour)

Kahn (2002) based his argument in the existence of mutual risk and self-defence and states that without it, warfare lacks the possibility of chivalry. But how relevant is chivalry in the context of modern war? Vale (1981) considers chivalry an idea of honour in a medieval form: a romantic ideal to which men (or, more appropriately, knights) aspired in their quest for honour, loyalty, courage and generosity.

The basic meaning of chivalry refers to the behaviour of people who ride horses (Braudy, 2005) and it is linked to cavalry. In the past, having a horse trained for war was a feature of the warrior class that also served to point out social differences and, moreover, gave a noble character to the battles fought by knights and enshrined them instead of portrayed them as slaughters (Braudy, 2005). Cavalry also served to ensure military masculinity whilst evoking traditional power (Braudy, 2005). Given its importance as the expression of a brave spirit, along with its status, (Vale, 1981) during the fifteenth century heavy cavalry was still used despite it “had outlived its usefulness yet still provided the core and the most prestigious arm of every army” (Vale, 1981, p. 101). For the chivalric ideal, a skilful use of close-combat weapons, such as the sword, elevated the value of a knight, whose greatest honour was to fight in hand-to-hand battles (Braudy 2005). It was this fascination with romantic ideals and old-school combats that influenced the initial resistance for the use of firearms despite later on, armies developed a strong interest in making modern weapons:

“A passion for single combat produced a widespread resistance to military innovation and invention and that new and more lethal weapons (such as firearms) were resisted on moral grounds (…) In their desire to perpetuate chivalrous warfare, the later mediaeval nobility refused to make use of such weapons or to adapt themselves to the changing techniques of warfare.” (Vale, 1981, p. 102.)

 

Chivalry is clearly linked to the idea of risk during war since, as Vale (1980) argues, it proves men’s value and honour in a situation of great personal danger. Theoretically, honour is an inner code of personal behaviour (Braudy, 2005). In war, a display of individual honour helps “men make themselves men in the eyes of other men and in their own” (Braudy, 2005, p.56) and justifies violence. This approach to masculinity suggests the formation of men’s character. Hence, if war becomes impersonal, its function as a school for knightly character would be ruined (Vale 1981). Braudy (2005) argues that chivalric masculinity was used by the government as propaganda during World War I to evoke the Arthurian ideal and his quest for the Holy Grial, thus demonstrating that civilizations and individuals hold onto archaic types of masculinity in the same way armies refused to adopt new technologies on the grounds of masculine myths. Those images not only contrasted with the bleak panorama of war, but also held onto a “single story” (Adichie, TED 2009) of masculinity that pays lip service to the ‘just war’ theory, as we will see below.

Images of knights in shining armours have been said (Braudy, 2005) to support the impression that, unlike modern wars, past wars were more honourable and humane. A shallow impression nonetheless, given that past wars were extremely violent as shown in the following passage:

“By the outbreak of the Hundred Years’ War, military masculinity had become a mixture of the most appalling slaughter in which men on horseback fought, chopped one another down in battle, stripped the armour from the dead, and often cut off their heads (to ensure a proper tally) – with a deeply held belief that there was an overarching chivalry fellowship (…) and, whereas courtesy towards women might be part of an ideal chivalric code of honour, this behaviour hardly existed in wartime practice…” (Braudy, 2005, p. 84).

So this raises questions regarding Kahn’s reasons to regret its absence in a war fought with the help of robots. Is it because it allegedly undermines reciprocity or because it undermines masculinity?

Moving to a different point, regarding self-defence, in the context of international relations between countries, it does not apply to individuals, but to a nation or a group of nations:

“… under certain conditions set by international law, a State acting unilaterally – perhaps in association with other countries – may respond with lawful force to unlawful force or, minimally, to the imminent threat of unlawful force.” (Dinstein, 2001, p.159).

Conditions to exercise the right to self-defence are set in Article 51 of the United Nations (UN) Charter 1945 and they refer to an armed attack. Nonetheless, it is a legal concept that does not always play a key part in the hands-on issue of war and can be used as a political excuse for the deployment of military forces (Dinstein, 2001). As Kahn (2002) himself pointed out, there are some reasons for a combatant to be morally innocent, such as being a victim of the regime or complying with a legal obligation. In both cases, contenders on either sides may not have freedom of choice. Equally their first concern is survival, thus soldiers in the trench do not even think about self-defence, but staying alive. In this regard, Braudy (2005) claims that combatants act in the name of national interests. As a result of these factors, one could say that combatants have been used as errand boys to deliver messages on behalf of their nations and whose personal objective, without self-defence considerations, is surviving.

Unlike ideals, war is a reality covered in blood. Still, based on the medieval cult of chivalry and honour, Kahn (2002) considers that a high-tech war is incompatible with the self-defence principle of a just war and eliminates the possibility of chivalry. In the media, this thought has been depicted as potentially causing a backlash, as reported by The Atlantic (2011), because “our enemies mark us as dishonourable and cowardly for not willing to engage them man to man (…) Terrorists would use that resentment to recruit more supporters and terrorists” and oversimplified from a macho point of view: “the use of automated weapons in the battlefield is seen as sending machines to fight instead of real soldiers”, as reported by The Economist (2010). Considering itself under attack, the myth of masculinity reacts overlooking the benefits and emphasizing the risks of the deployment of robots in the battlefield and stand against it because they are likely to take away war’s honour. Apparently, the honour of war does not care about saving soldiers’ lives if they are not brave enough to fight a war in person and face death. At this point it is worth asking the identity of the canon fodder sent to war. Are they mature high-ranked adult soldiers or young and frightened boys? Most likely the latter, and in that case sending those expendables to war does not seem a better option than sending robots.

 

  1. The ‘just war’ theory

According to Kahn (2002), an asymmetrical high-tech warfare embodies a profound challenge that takes us out of the ethics of warfare and eliminates the expectation of loss as a restrains to military actions. Actually his reasoning poses a challenge to the just war theory. Traditionally, the just war theory indicated that the reasons for going to war should be examined first and then subsequently an analysis of the way force is used. What Kanh (2002) is doing is using the latter (deployment of modern weapons) to justify or condemn the reasons for going to war, in other words “the employment of jus in bello to determine the absence of jus ad bellum” (Johnson, 1984, p. 75). However they must both be used for engaging in a war considering that jus ad bellum has priority over jus in bello because “only after the fundamental question is answered about the moral justification of employing force to protect values does the second question, about the morally requisite limits governing the use of that force, arise in turn” (Turner 1992, 56). It is possible that the deployment of high-tech military forces make obsolete the traditional concept of just war (Steele and Heinze, 2014).

The fact that one of the biggest problems about the deployment of such force is the lack of loss demonstrates a lack of ability to think beyond past war experiences and impedes the development of new useful doctrines (Singer, 2009). This point is well illustrated in the way the British army adapted insufficiently to airplanes from in comparison to the German army:

“… there was no plan to coordinate ground operations with (…) the airplane. The British Army had little interest in what officers described as “infernal machines” (…) Having lost the previous war, the Germans were a bit more open to change. (…) They developed new doctrines based not only in what had worked in the past, but also on what could work in the future. The force soon centered on a doctrine that would later be called blitzkrieg.” (Singer, 2009, p. 209).

It is important to think about war in terms of its suitable to current times instead of being attached to what has been considered necessary circumstances of war. As Singer (2009) explains, this is the first time that geographical limits and personal risk are removed from the war experience with the new generation of “cubicle warriors” (Singer, 2009, p. 330). A warrior like that may not meet the traditional definition of soldier, so a paradigm change is required to keep up with the pace of fast moving technology (Singer, 2009). This new warfare may have positive consequences and should not be obstructed by the old-fashioned values that are automatically attributed to a soldier (Singer, 2009) especially considering, as we saw above, that those values are romantic ideals.

 

  1. Legal framework

As Sharkey (2008) noted, unmanned weapons are not new. However, there are no legal provisions allowing or prohibiting them, nor guidelines for their use. But probably it is possible to make use of the existing current provisions to cover them.

According to article 35 (2) and (3) of the Protocol Additional to the Geneva Conventions of 12 August 1949, and relating to the Protection of Victims of International Armed Conflicts (Protocol I) 1977, weapons that cause “superfluous injury or unnecessary suffering” are prohibited. Superfluous injury is related to perfidy; unnecessary suffering is not a clear term and, according to the International Committee of the Red Cross (ICRC) (1987, p. 408), “it seems impossible at the present stage of medical knowledge to objectively define suffering or to give absolute values permitting comparisons between human individuals.” However, aiming to avoid unnecessary suffering, Article 48 of the 1977 Protocol provides that all parties to a conflict must “distinguish between the civilian population and combatants” and Article 51 prohibits indiscriminate attacks. Robots are not to cause superfluous injury or unnecessary suffering; on the contrary as reported by The Wall Street Journal (2013) their intention is “to reduce suffering and protect human lives (…) and may reduce risks to civilians.”

Regarding new weapons, article 36 of the 1977 Protocol, provides that “In the study, development, acquisition or adoption of a new weapon, means of methods of warfare,” it is necessary for both parties to determine if employment of the weapons would be prohibited by the aforementioned Protocol or any other applicable international law. According to Human Rights Watch (HRW) (2012) “there is no existing treaty that prohibits [robotic weapons] as a class.” However, the same documents highlights the alleged importance of the following commentary:

“The use of long distance, remote control weapons, or weapons connected to sensors positioned in the field, leads to the automation of the battlefield in which the soldier plays an increasingly less important role. (…) [A]ll predictions agree that if man does not master technology, but allows it to master him, he will be destroyed by technology.” (ICRC 1987, p. 428)

This worrying commentary makes clear that we have not foreseen all the potential benefits that robotic technology may bring and instead we have concentrated on the commonplace opposition from an apocalyptic Skynet-like scenario. However, it made a vey interesting point when referring to the ban of new weapons because it stresses the fact that they have helped to move from obsolete systems. However this sensible comment comes alongside with a useless reiteration about the complexity of the problem:

“…there have been a number of attempts in the past aimed at prohibiting certain weapons for disinterested humanitarian motives (…) These attempts did not have the desired effect (…) Means as simple as the bow and arrow or the crossbow, or as sophisticated for the time of the European Middle Ages as gunpowder, became temporarily subject to prohibitions. Nevertheless, they were used and have contributed to the disintegration of an outdated social order. This makes it difficult to pass judgment.” (ICR, 1987, p. 401)

Moving to a different point, regarding precautionary measures, article 57 of the 1977 Protocol provides that “In the conduct of military operations, constant care shall be taken to spare the civilian population, civilians and civilian objects”. This is the principle of discrimination in war. Its objective, as noted by the ICRC (1987) is to impose a duty to parties in conflict to distinguish between civilians and combatants; military objectives and civilian objectives. In this regard, Sharkey (2008) indicates that robots are not yet ready to take up a challenge like that because current technology governing them is not at that point “no visual or sensing systems are up to that challenge (Sharkey, 2008, p. 87). However, it could be argue that neither humans are up to it. Regarding the same article 57 of the 1977 Protocol, the ICRC (1987) commented that the distinction made between military and civilian objectives is due to errors which occurred during the Second World War:

“The history of the Second World War and subsequent conflicts contains numerous cases of attacks which were launched in error against non-military objectives, or against objectives whose destruction produced only an insufficient military advantage compared with the losses inflicted on civilians.” (ICR, 1987, p. 680)

During that war, humans conducted the attacks and errors still took place meaning that potential mistakes are not reason enough to consider that robots represent a danger in the battlefield bigger than humans. Moreover, because of their faulty sensory perception it is improbable that in an adverse environment human combatants are able to make perfect or even more accurate discrimination between civilians and combatants than a robot.

With respect to humanitarian regulations contained in the Hague Convention 1907 (IV) Respecting the Laws and Customs of War on Land and the Geneva Conventions 1949, it has been said that robots are not able to comply with them because they do not have human qualities (HRW, 2015). However, treatment given by humans does not guarantee human treatment. This point is confirmed by the existence of human rights violations such as the committed in Abu Ghraib, as reported by the New York Times (2005).

Finally, since robots are not illegal, banning them would not have the desired effect in the cause for peace. It actually could be detrimental since something outlawed, as suggested by Kahn (2002) ignores its potential benefits and emphasisies only risks. It is not possible to know beforehand the impact that the deployment of robots in the battlefield would have but the advantages are worth exploring (Anderson and Waxman, 2013).

 

  1. A Vision From the Other Side

Let’s imagine for a moment that self-defence and reciprocity of risk are actually the moral justifications for attacking enemy combatants and that chivalry is an ideal for soldiers’ behaviour. Let’s only focus on the allegedly moral wrong of allowing a robot to kill other people. First of all, according to one of the five principles of robotics (Bryson, 2012) robots can be designed as weapons for security reasons. This is because robots are seen as tools and as such are not limited to one type of use. They pose as many risks as guns or other weapons but should be generally accepted and, as any tool, they may expand our current capabilities:

“Tools have more than one use. (…) Knives can be used to spread butter or to stab people. In most societies, neither guns nor knives are banned but controls may be imposed if necessary (…) to secure public safety. Robots also have multiple uses. Although a creative end-user could probably use any robot for violent ends, (…) we view it as an essential principle for their acceptance as safe in civil society.” (Engineering and Physical Sciences Research Council, 2010).

Kahn forgot to consider the possibility of both sides fighting a war with their robots. In that case is there also a lack of self-defence and reciprocity of risk? Let’s not forget that once developed, automated weapons such as robots are a cheap and mass replicable technology, so the enemy can just buy them and even improve them (Singer 2009). Outweighing our existing possibilities, even a robotic war may represent a better way to fight because there will be no human casualties (Asaro, 2008). This should not represent a danger but a convincing argument for nations to stop sending humans to war, to stop the possibility for children to become ruthless soldiers. Thus as opposed to Kahn’s (2002) idea, “it would not seem to be immoral to develop and use that technology, and we might go even further and say it is morally required for that nation to protect its children from becoming soldiers if it is within their technological capacity to do so.” (Asaro, 2008, p.14).

It is important to bear in mind that robots are not the ones who make a war fair or unfair and even if they make it easier to go to war, that isolated fact does not make war fair or unfair (Asaro 2008). Moreover, “[t]here is no reason to believe that zero-casualty, zero-risk, zero-defect warfare actually result in a safer world” (Ignatieff 2001, p. 212). The deployment of robots in the battlefield is not unlawful or unethical by itself, therefore the only necessary thing is using them responsibly and effectively (Anderson and Waxman, 2013). Robots may provide safety and minimise or eliminate casualties but that possibility does not make war less terrible. It is just a better option in comparison with the existing one.

We already stated that young, frightened soldiers are very less likely to think about self-defence or reciprocity during war. They are not thinking about becoming men in front of the eyes of their peers and superiors. They are wrestling with death, “the most unexciting contest you can imagine. (…) [W]ithout spectators, without clamour, without glory, without the great desire of victory, (…) without much belief in your own right, and still less in that of your adversary” (Conrad, 2007). So if robots are a possibility, why they are not widely accepted? What kind of war are soldiers fighting? A mythic war possibly. Events occurred during mythic war are permeated with false meaning that allow people to fight absolutes that make sense when considered part of a heroic path lead by a bigger will (Hedges 2003).

There are maybe other reasons to disagree with the use of robots in war, but the argument of self-defence and lack of reciprocity can be exposed as an attempt to defend the mythical masculinity involved in the act of fighting a war, which “is essential to justify the horrible sacrifices required for war” (Hedges, 2003, p. 26). Hence if a war is to be fought by robots perhaps all the destruction and chaos would lack justification.

 

  1. Conclusion

Accuracy falls short attributing to Plato the following quote “only the dead have seen the end of war”. However, it is true that war has been a constant in the history of humanity justified throughout time with unrealistic ideals, such as chivalry, which is an archaic archetype that exalts manly values. Kahn (2002) reiterated the idea that war is for men, that war is the ideal space to display bravery. Since robots are not men and are unable to display bravery, war is not for robots. Such impoverished vision about robotic technology and its potential benefits are one of the deterrents for the deployment of robots in the battlefield.

Self-defence in the context of war refers to nations, not individuals. Hence it has nothing to do with the moral justification of war, nor with the ‘license to kill’ that enemy combatants supposedly hold. Nations claim that license to kill when they enter war. They do not symmetrically transfer individual licenses. They employ it in the most convenient way to win the war. However, self-defence and reciprocity of risk serve as manly excuses to keep the traditional concept of war and to maintain the myth of masculinity as the necessary paradigm of war and warriors as well. We could even say that myth is required to maintain war as a social order. Current laws do not prohibit the deployment of robots in the battlefield, hence no changes are needed, but as long as macho ideals are imbedded in war, it is highly unlikely that robotic technology in the battlefield will be properly assessed, outweighing its benefits and risks.

 

  1. Bibliography

 

Books 

Braudy, L. (2005) From chivalry to terrorism: War and the changing nature of masculinity. New York: Knopf Doubleday Publishing Group.

Conrad, J. (2007) Heart of darkness. Coyote Canyon Press.

Dinstein, Y. (2001) War, aggression and self-defence. 3rd edn. United Kingdom: Cambridge University Press.

Hedges, C. (2003) War is a force that gives us meaning. New York: Knopf Doubleday Publishing Group.

Ignatieff, M. (2001) Virtual war: Kosovo and beyond. London: Vintage.

Johnson, J. T. (1984) Can modern war be just? New Haven: Yale University Press.

Singer, P. W. (2009) Wired for war: The robotics revolution and conflict in the 21st century. United Kingdom: Penguin Group (USA).

Steele, B. J. and Heinze, E. A. (2014) ‘From Smart to Autonomous Weapons’, in Gentry, C. E. and Eckert, A. E. (eds.) The future of just war: New critical essays. United States: University of Georgia Press.

Vale, M. G. A. (1981) War and chivalry: Warfare and aristocratic culture in England, France, and burgundy at the end of the middle ages. London: Gerald Duckworth & Co.

  

Academic Journals  

Bryson, J. J. (2012) ‘The Making of the EPSRC Principles of Robotics’, AISB Quarterly, (133).

Kahn, P. (2002) ‘The Paradox of Riskless Warfare’, Faculty Scholarship Series. Paper 326.

Sharkey, N. (2008) ‘Grounds for Discrimination: Autonomous Robot Weapons’, Rusi Defence Systems, pp. 86–89.

 

Legislation

Geneva Conventions 1949.

Hague Convention (IV) Respecting the Laws and Customs of War on Land 1907.

Protocol Additional to the Geneva Conventions of 12 August 1949, and relating to the Protection of Victims of International Armed Conflicts (Protocol I) 1977.

 

Reports and other sources

Human Rights Watch (2015) Losing Humanity. The Case against Killer Robots. Available at: https://www.hrw.org/report/2012/11/19/losing-humanity/case-against-killer-robots (Accessed: 20 December 2015).

International Committee Of The Red Cross (1987) Commentary on the additional protocols of 9th June, 1977, to the Geneva Convention of 12th august, 1949. Edited by Bruno Zimmermann, Yves Sandoz, and Christophe Swinarski. Martinus Nijhoff.

  

Websites

Adichie, C. N. (2009) The danger of a single story. Available at: https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=en (Accessed: 21 December 2015).

Anderson, K. and Waxman, M. (2013) Killer robots and the laws of war. Available at: http://www.wsj.com/articles/SB10001424052702304655104579163361884479576 (Accessed: 17 December 2015).

Bernard, S. (2002) Did plato write: ‘Only the dead have seen the end of war’? Available at: http://plato-dialogues.org/faq/faq008.htm (Accessed: 20 December 2015).

Engineering and Physical Sciences Research Council (2010) Principles of robotics. Available at: https://www.epsrc.ac.uk/research/ourportfolio/themes/engineering/activities/principlesofrobotics/ (Accessed: 20 December 2015).

Zernike, K. (2005) Detainees describe abuses by guard in Iraq prison. Available at: http://www.nytimes.com/2005/01/12/world/detainees-describe-abuses-by-guard-in-iraq-prison.html (Accessed: 21 December 2015).

 

¿Tienen los robots licencia para matar?

Por Ana P Rumualdo

 

La idea de utilizar robots para fines militares puede sonar, de principio, descabellada. Imágenes apocalípticas al más puro estilo de Terminator nos sugieren que no es buena opción, que tendríamos un Skynet en potencia. Otra de las razones por las que se ha sugerido no utilizar robots en la guerra es porque son incompatibles con el principio de legítima defensa. En su artículo “The Paradox of Riskless Warfare”, Paul Kahn, profesor de Ley y Humanidades en Yale, afirma que las huestes de las partes beligerantes tienen licencia para matar o hacerse daño el uno al otro porque ambos lados ponen a sus soldados en una situación de riesgo que justifica su legítima defensa. En otras palabras: el ataque de un soldado hacia otro se justifica bajo la premisa de matar o morir y eso es justamente lo que les otorga licencia para matar. Cualquier acto fuera de este terreno va en contra de la teoría de la guerra justa (just war) y tendría que ser prohibido. Así, los sistemas altamente tecnológicos “capaces de marcar como objetivos y destruir a otras personas con solo presionar un botón” (Kahn) rebasan dicho límite. Cuando la reciprocidad en el ataque deja de existir, surge la paradoja de la guerra sin riesgos. Además, argumenta, son acciones que despojan a la guerra de caballerosidad (chivalry en el original). De ser cierto, el uso de robots en las guerras tendría que ser prohibido porque estos no se encuentran expuestos al riesgo que un soldado humano y, por tanto, no actúan en defensa propia. Dado que no pueden perder la vida, tampoco tendrían licencia para arrebatar la de alguien más. ¿Será cierto?, ¿o será que estas ideas se basan en conceptos añejos que buscan glorificar la guerra?

En el contexto bélico, los caballeros gozaban de un estatus más elevado y las batallas en que intervenían podían ser consagradas y ennoblecidas gracias a su valentía. Para el ideal caballeresco, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con armas tradicionales, como la espada, elevaba el valor del combatiente. La fascinación con estos ideales románticos influenció la resistencia inicial a las armas de fuego y sirvió para que durante el siglo XV, momento en el que ya se utilizaban armas de fuego, la caballería siguiera siendo considerada un elemento de gran prestigio y valor dentro de un ejército. Un ejemplo todavía más cercano es Pérez-Reverte quien, como todo un valiente caballero, ha escrito: “No me gustan las armas de fuego. Lo mío son los sables”.

En el libro From Chivalry to Terrorism: War and the Changing Nature of Masculinity, Leo Braudy argumenta que la idea del riesgo sirve para poner a prueba el honor y bravura durante la guerra, donde “los hombres se hacen hombres en los ojos de otros y en los propios”. De hecho, durante la primera guerra mundial la propaganda gubernamental evocaba el ideal de estereotipo masculino. Cuando Kahn apela a la melancolía de una guerra romántica en la que no se utiliza alta tecnología, olvida que, por ejemplo, durante la Guerra de los Cien Años los caballeros despojaban de su armadura al vencido y le cortaban la cabeza; y, como apunta Braudy, aunque la cortesía con las mujeres era parte del libreto ideal que debía ser acatado, raramente se respetaba y las violaciones eran comunes.

La guerra permite combatir en nombre de absolutos que solo adquieren sentido cuando son considerados parte de un camino heroico trazado por una voluntad superior, afirma Chris Hedges en el libro War is a Force that Gives us Meaning. Si el estereotipo de masculinidad juega un papel tan importante en la guerra y los robots la arrebatan, tal vez la guerra quedará expuesta con toda su cruel inutilidad. Para evitarlo se hace una defensa de dientes para afuera a la teoría de la guerra justa, mientras se abraza un ideal arcaico y se expone el riesgo de ser llamado cobarde. Al respecto, en 2011, The Atlantic publicó un artículo en el que, según los críticos, el uso de robots podría mandar el siguiente mensaje: “nuestros enemigos nos verán como unos cobardes sin honor por no estar dispuestos a pelear con ellos de hombre a hombre”.

Por otra parte, la autodefensa en la guerra se refiere a la respuesta armada de los países, no a los individuos. Pero incluso si, como afirma Kahn, la moral individual en el campo de batalla fuera una variante de la moral que siguen los Estados en guerra, cabe preguntarse si acaso los soldados en las trincheras pensarán en la autodefensa proporcional. A lo mejor su primer pensamiento sea sobrevivir. En El corazón de las tinieblas, Conrad señalaba que la guerra se pelea “…sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria (…) sin creer gran cosa en los propios derechos, menos aún en los del enemigo”.

Adicionalmente, Kahn afirma que sin la probabilidad de pérdida de vidas humanas uno de los lados en guerra estaría en gran ventaja. Pero, habría que recordar las ventajas, exponenciales en su momento, que representaron las bombas, los tanques y los aviones. De acuerdo con Brian Singer en su libro Wired for War, los aviones fueron inicialmente considerados “máquinas infernales” por el ejército británico.

Además, los que se oponen a estos cambios afirman que los robots en guerra no pueden cumplir con las regulaciones que exigen dar trato humano a los prisioneros de guerra por el simple hecho de que no son humanos. Pero ¿el trato dado por un ser humano garantiza trato humanitario? ¿Recuerdan lo sucedido en Abu Grahib? También afirman que los robots no pueden hacer una perfecta distinción entre civiles y combatientes. ¿Acaso los humanos pueden? El Comité Internacional de la Cruz Roja ha dejado en claro que durante la Segunda Guerra Mundial existieron ataques erróneamente dirigidos a civiles.

Por el momento, lo cierto es que se avecina un cambio de paradigma en el concepto tradicional de “soldado”. Por primera vez en la historia, afirma Singer, los límites geográficos y el riesgo físico personal ha dejado de ser un obstáculo. Tal vez, el lamento de Kahn es en realidad provocado por el surgimiento del “guerrero de cubículo”, como denomina Singer a los nuevos soldados quienes, a diferencia de los personajes de El juego de Ender (Orson Scott Card) sí saben que están peleando una guerra.

La tecnología robótica debe ser evaluada sopesando sus ventajas y desventajas sin que los ideales de valentía y caballerosidad tengan mano en ello. Los robots son una herramienta, una extensión de nuestras capacidades presentes y, como toda herramienta, sus usos pueden variar. Una prohibición no solo sería insustancial, sino que poco contribuiría a su aceptación social en general, aspecto que iría en detrimento del resto de sus muy variadas posibilidades. Tal vez haya que recordar que los robots pueden minimizar las pérdidas humanas, pero no hacen la guerra menos terrible. El problema no son ni serán ellos, somos nosotros.

Tal vez existan otras razones para estar en desacuerdo con el uso de robots en el campo de batalla. Por supuesto, sería mejor acabar con ellas. Sin embargo, recordando una frase, cuestionablemente atribuida a Platón, “solo los muertos han visto el fin de la guerra”. Mientras nos morimos, ¿cuál sería la mejor opción?

 

Publicado previamente en Letras Libres.

Tres por tres

“Tres por tres, lucha constante por consolidar la transparencia en los procesos electorales.”
Por: Daniela García Rosas

La ONG Transparencia Mexicana, a través de su iniciativa denominada “tres por tres” ha venido impulsando la idea de que todo aquel candidato a un puesto de elección popular se comprometa a presentar ante el pueblo, ante los votantes, su declaración patrimonial, su declaración de intereses y su declaración de impuestos, de ahí su nombre de “tres por tres”.

Transparencia Mexicana, pretende consolidar dicha práctica, la cual hasta hace poco era prácticamente inexistente, con la finalidad de que se generalice como una buena práctica en los comicios, con miras al 2018, el objetivo no es otro sino el desarrollo de elementos para una nueva cultura política, fundada con base en una mayor apertura frente al ciudadano por parte de quienes aspiran a ocupar un puesto de elección popular.

Tres por Tres pretende que para el año de renovación de la presidencia de México, así como de la totalidad del Congreso, la mayor cantidad de candidatos ponga en manos de la opinión pública la información sobre su patrimonio, su compromiso fiscal y las áreas de un posible conflicto de intereses. Lo anterior con la finalidad de que México sea contemplado como una democracia funcional y efectiva, en la que esa información sobre el candidato sea fundamental. ¿Quién es el candidato? ¿Qué bienes, derechos y elementos conforman su patrimonio? ¿Ha sido responsable con sus obligaciones fiscales? ¿Enfrenta algún conflicto de interés?

El país esta necesitado de normas, procedimientos y elementos que le permitan hacer frente a la corrupción, al conflicto de intereses y a la opacidad en la clase política. Una nueva práctica sobre todo en materia política, requiere de cambios no sólo normativos e institucionales, sino además de una opinión pública exigente que en la práctica obligue que se cumplan dichas prácticas.

Aunque en nuestro país de conformidad con la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, es obligación de todo funcionario presentar una declaración patrimonial, los candidatos a puestos de elección popular no tienen que hacerlo, en ese sentido es que la iniciativa propuesta por Transparencia Mexicana, busca que la figura de declaración patrimonial con carácter público pase a formar parte del proceso electoral.

Según la propia página web de Transparencia Mexicana, analistas como Luis de la Calle, han señalado como mandatorio para restaurar la confianza en la clase política que la declaración fiscal se haga pública. Específicamente, De la Calle señala que los funcionarios podrían hacer pública sus declaraciones de los 5 años anteriores al momento en que tomarán posesión de un cargo, lo anterior, tomando en cuenta que los funcionarios son responsables del manejo presupuestario o si el Congreso es responsable de la asignación presupuestal, aquellos funcionarios involucrados en dichos procesos deben probar que han contribuido a generar los recursos públicos que habrán de administrar o sobre los que tiene influencia directa en sus decisiones. La declaración de impuestos es un fácil camino para comprobarlo.

En aras de consolidar políticas que impliquen un buen gobierno, es que Transparencia Mexicana a puesto en marcha dicha iniciativa, sin embargo es importante no perder de vista que los logros aún dependen de la voluntad de los candidatos o funcionarios, ya que el hecho de que dicha “iniciativa” quede plasmada en una norma, depende de la recolección firmas de ésta.

¿Quieres ser un cyborg?

Neil Harbisson es un artista que nació con acromatopsia, una condición médica que le impide ver los colores: su mundo se mira en escala de grises. A los 21 años comenzó a utilizar una antena que, conectada a unos audífonos, le daba a cada color una nota distinta, de modo que es posible escuchar los colores. Después optó por una antena fija en la base de su cabeza, que permitía al sonido viajar hasta sus oídos. La que actualmente utiliza está instalada en el cráneo por medio de tornillos (la misma que mostró en el Campus Party en México en 2011). Este eyeborg tiene un sensor que detecta la frecuencia del color que se encuentra frente a él y la envía al chip en la parte trasera de la cabeza, de tal modo que puede escuchar el color a través de la conducción ósea.

A cada color le corresponde una nota, así que tuvo que memorizar cada una, pero no tardó mucho en percibirlas, en tener un nuevo sentido que le permite escuchar los colores automáticamente. Luego, cuando empezó a soñar los sonidos del color, se dio cuenta de que el software y su cerebro se habían unido. Lo que al principio era un simple dispositivo externo a su cuerpo, terminó fusionándose con él. Finalmente había logrado ampliar sus sentidos.

Harbisson siempre consideró que la antena era una extensión de su cerebro. Gracias a eso, en 2004 pudo convencer al gobierno británico para que le permitiera aparecer con ella en la fotografía del pasaporte, convirtiéndose en el primer cyborg del mundo. Lo hizo de hecho, porque no se añadió legalmente la categoría de cyborg, tampoco modificó los casos excepcionales en que una persona puede aparecer en dicha foto portando equipo electrónico; es decir, fue una decisión casuística.

Cuando llegó al punto de poder escuchar el espectro de los 360 colores visibles al ojo humano, quiso aumentar su capacidad. Ahora puede escuchar colores invisibles: infrarrojos y ultravioletas.

Al ser el sonido su guía, es capaz de transpolar al sentido del oído lo que de principio sería una experiencia únicamente visual. Por ejemplo, ha dicho que la cantidad de colores en el supermecado lo hacen sentirse como si se fuera de antro, se viste para “sonar” bien y puede escuchar un Picasso.

La antena, que también cuenta con bluetooth, le permite conectarse a internet y recibir llamadas telefónicas. Normalmente está conectado con cinco personas, una en cada continente. A principios de octubre de este año, Harbisson decidió abrir al público la posibilidad de conectarse con él. En su página de Facebook anunció que durante los próximos seis meses estará conectado inalámbricamente a una escultura de su propia cabeza (antena incluida), que estará en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, como parte de la exposición +Humanos. Junto a la cabeza hay tarjetas de varios colores. Cada vez que le acerquen un color, Harbisson lo percibirá en cualquier parte del mundo en que se encuentre.

En 2010, Harbisson y Moon Ribas crearon la Cyborg Foundation, con el objetivo de ayudar a la gente a convertirse en cyborg para aumentar sus sentidos y ampliar sus conocimientos. (¿Qué diría Aristóteles a todo esto?) Harbisson busca que se creen apps para el cuerpo en lugar de más para el celular. Por lo pronto, existe una app que permite probar la “experiencia Harbisson”.

A diferencia del androide, cuyo conflicto tradicionalmente reside en que él mismo o los que lo rodean ignoran que no es completamente humano, el cyborg –que busca fusionarse con la tecnología y convertirse en un ser ampliado o remediar una falta– generalmente conoce su condición.

Pero, ¿en realidad queremos sobrepasar los límites humanos? Por un lado hay quienes consideran que la dependencia a la tecnología nos está llevando a la pérdida y desconocimiento de nuestra humanidad y naturaleza. Al respecto, el mismo Harbisson ha narrado que la operación necesaria para integrar el implante a su cráneo fue rechazada por diversos comités de Bioética, bajo el argumento de que la fusión humano y tecnología era “anti natural, nada saludable y peligrosa”. Finalmente, la antena fue implantada al cráneo de Harbisson por un médico que permanece anónimo. Se asume que lo natural debe permanecer como tal. En contraste, en su ensayo “Golems in the Biotech Century” Byron Sherwin, señala que la naturaleza no es siempre tan benigna como los naturalistas parecen creer.

De acuerdo con Harbisson, el problema radica en que el uso de la tecnología se limita a la corrección de condiciones médicas, pero si la cirugía está destinada a superar o diferenciarse de esas capacidades, no es aceptada.

La operación de Harbisson parece ser la punta de lanza en la expansión sensorial no necesariamente a partir de una falta, sino de un deseo de superar las propias capacidades. ¿Será que el internet de las cosas (the internet of things) acabará por convertirse en el internet de las personas?

Por Ana Paula Rumualdo Flores
Publicado previamente en Letras Libres

La RAE presenta en México el “Diccionario del español jurídico”

Información obtenida de elinfomador.com.mx

La edición fue dirigida por el catedrático de Derecho Administrativo Santiago Muñoz Machado. ESPECIAL / rae.es

Fue elaborado por un grupo de casi 200 juristas y profesores de Derecho

El proyecto se publicará en abril de 2016 con cerca de dos mil páginas y 30 mil entradas

CIUDAD DE MÉXICO (24/NOV/2015).- La Real Academia Española de la Lengua (RAE) presentó hoy en México el “Diccionario del español jurídico”, que se publicará en abril de 2016 con cerca de dos mil páginas y 30 mil entradas, gracias al trabajo de 200 juristas y profesores de Derecho durante dos años. 

El proyecto fue dirigido por su secretario, el catedrático de Derecho Administrativo Santiago Muñoz Machado, que lo expuso durante el XV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) inaugurado el lunes en la capital mexicana y que concluye este miércoles. 

La obra será publicada por la editorial Espasa en un solo tomo, aunque más adelante habrá también una versión para internet. 

Muñoz Machado explicó a los congresistas de la Asale que este es un proyecto nacido en España por iniciativa del Consejo General del Poder Judicial, “que la RAE ha hecho propio y al que se pueden sumar en el futuro las demás academias de la lengua española”. 

“Se suele decir que el lenguaje jurídico es oscuro. No debería de ser así, porque la mayor parte de sus expresiones son de uso común y popular. Pero lo cierto es que, a juicio de muchos, ocurre de ese modo y eso es algo que pone en juego el Estado de derecho. Y si los ciudadanos no entienden las leyes, el Estado de derecho no funciona bien“, argumentó. 

Entre los antecedentes históricos a este diccionario, algunos de los cuales se remontan incluso a la Edad Media, citó el “Black’s Law Dictionary“, que se publica en Estados Unidos desde 1891. 

El “Diccionario del español jurídico” fue elaborado por un grupo de casi 200 juristas y profesores de Derecho formado hace dos años y tendrá cerca de dos mil páginas y un total aproximado de 30 mil entradas. 

El propósito del equipo coordinado por Santiago Muñoz Machado es ofrecer “la máxima información en el menor espacio posible“. 

Otra de las fuentes de inspiración de esta obra ha sido el “Diccionario de autoridades“, publicado por la RAE en seis tomos entre 1726 y 1739. 

Aquel diccionario, el primero elaborado por la RAE, empleaba como fuentes documentales los testimonios de las “autoridades“, de los escritores considerados entonces como los más cualificados representantes de la lengua y la literatura españolas. 

En México, Muñoz Machado invitó a las academias de la Asale a sumarse más adelante a este proyecto, “a completarlo juntos“. 

En el Congreso que se celebra en México participan las 22 Academias de la Lengua Española, de las cuales 20 son de Hispanoamérica, más la de España y la de Filipinas.

Alguien ya escribió tu próxima novela

La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma.

Borges, “La biblioteca de Babel”

 

Si has publicado algo durante los últimos siete años, lo más probable es que hayas violado los derechos de autor de Qentis, una empresa rusa que afirma tener los derechos del 97% de todos los textos que se puedan crear en inglés, español, alemán, francés, ruso, polaco, portugués e italiano. Es cuestión de tiempo para que uno de sus despachos legales te notifique de algún engorroso procedimiento, donde tu oponente será la compañía titular de la mayor cantidad de derechos de autor en el mundo. Qentis advierte enfáticamente al lector que si planea publicar cualquier texto en cualquiera de esos idiomas, debe informarlo a la compañía, pues es casi seguro que ya forme parte de su extenso inventario. Le advierte también que ni se moleste en pedir permiso para publicar: este solo se conceden a un selecto grupo de editores. Qentis es voraz: su alcance no se limita a textos, también se encuentra trabajando en imágenes, sonidos e impresiones 3D.

Poseedora de una avanzada inteligencia artificial (AI), la omnisciente Qentis sabe todo lo que se ha escrito y todo lo que se escribirá, y lo ha hecho en tan solo siete años, en coincidencia con los siete días de la creación en la tradición judeo-cristiana. También afirma que muy pronto tendrá el control absoluto de las obras visuales y auditivas. Es la personificación de la catástrofe de la creatividad humana al anunciar que todo está dicho, que ahora sí no hay nada nuevo bajo el sol.

Esta consciencia infinita se encuentra almacenada en cloud, y contiene cada palabra de eso que pensabas sería tu nueva novela. ¿En qué momento la tecnología AI dio tan tremenda zancada?

Respira, Qentis es una obra de Michael Marcovici, un artista austriaco que puso el acento sobre el monopolio del conocimiento y lo que sería el leitmotiv de una empresa así: regalías y ganancias.

Por si acaso, vale la pena preguntarse si la existencia de Qentis sería posible. De acuerdo el artículo “Monkeying Around with Copyright – Animals, AIs and Authorship in Law”, escrito por David Komuves, Burkhard Schafer, Jesús Niebla Zatarain y Laurence Diver, como parte de su trabajo de investigación en la Universidad de Edimburgo, una inteligencia artificial de tal magnitud actualmente no sería posible principalmente por dos razones. La primera es que se requeriría de una enorme cantidad de tiempo (3.13×10240800 veces la vida del universo), además del uso masivo de infraestructura computacional. La segunda es que no todos los países, Estados Unidos entre ellos, consideran que los trabajos producidos, en su totalidad, por una computadora merecen una protección de derechos de autor. Esto es porque los derechos de autor representan un incentivo a la creatividad y recompensan el esfuerzo que el autor ha hecho para darle cuerpo a su idea y comunicarla al mundo. Una computadora carece incluso de autoría humana, más aún: no comunica, imita la comunicación. Por el contrario, en Reino Unido sí se conceden derechos de autor a este tipo de trabajos. El autor es la persona que realiza las acciones necesarias, para que una creación generada por computadora tenga lugar, por ejemplo, la persona que realiza los algoritmos para que una computadora escriba un poema dentro de ciertos parámetros. En otras palabras, la persona que tuvo la intención creativa. Esta provisión servirá hasta en tanto no se creen sistemas autónomos capaces de realizar creaciones sin necesidad de la interacción humana. En México, la Ley Federal del Derecho de Autor especifica que “autor” es una persona física, categoría en la que, de entrada, una computadora no entra.

La idea de una fuente donde se concentre todo el conocimiento habido y por haber ha sido objeto del imaginario de autores como Aristóteles, Lewis Carroll y Kurd La∫witz, a quienes Borges reconoce como influencia en la escritura de “La biblioteca de Babel”. En 1901, La∫witz imaginó “La biblioteca universal”, una historia donde todas las combinaciones posibles de las letras del alfabeto darían como resultado un número finito que comprendería toda la literatura posible. En “La biblioteca de Babel”, Borges creó un universo que es una biblioteca eterna repleta de galerías hexagonales, que contiene los libros con todas las posibles combinaciones que los símbolos ortográficos pueden permitir.

La idea de que el resultado de todas las combinaciones posibles de las letras del alfabeto y algunos signos de puntuación es un número determinable, se explora en el proyecto virtual Library of Babel. Inspirados en el cuento homónimo de Borges, el portal invita al lector a “contemplar por medio de ese arte, la variación de las 23 letras”. Esas variaciones incluyen letras minúsculas, punto, coma y espacio. Al igual que Qentis, contiene todo lo que se ha escrito y todo lo que se escribirá, aunque no menciona nada respecto de propiedad intelectual.

La finitud de la escritura es también objeto del Teorema del mono infinito. Según el cual un mono tecleando infinitamente en una máquina de escribir, casi seguramente, en algún momento, escribiría las obras de Shakespeare. La idea fue retomada en 1913 por el matemático Emil Borel, en el terreno de la mecánica estadística. El mono o los monos podían teclear ad infinitum, pero, como se menciona en el artículo “Monkeying…”, la naturaleza de la infinitud es tal, que el mono bien podría terminar escribiendo la palabra “Hamlet” o bien podría teclear la letra “g” infinitamente. El mismo artículo menciona dos ejemplos, uno físico y otro virtual, que han puesto en práctica dicho teorema. El primero ocurrió en 2002 como parte del curso MediaLab Arts de la Universidad de Plymouth. Se utilizaron seis macacos de Sulawesi, que produjeron cinco páginas que contenían principalmente la letra “s”. Luego comenzaron a destruir las máquinas de escribir y a usarlas como baño. En 2004 se corrió una simulación por el equivalente a 42,162,500,000 billones de billones de años. El resultado fue la frase: “valentine cease to”, que se podría coincidir, finalmente, con el trabajo del Bardo: “Valentine, cease to persuade, my loving Proteus” (Valentín: Deja de persuadirme, mi querido Proteo. Los dos caballeros de Verona).

De existir una biblioteca o consciencia absoluta que contuviera la totalidad de la escritura y la imagen, ¿contendría también cada intento de escritura?, ¿las páginas que se quedaron a la mitad?, ¿los plagios?, ¿los obituarios?, ¿las imágenes de todas las películas filmadas y por filmarse? Komuves lleva más allá esta cuestión al preguntarse si esto incluiría todos los posibles escritos difamatorios, todas las posibles imágenes de pornografía infantil y todas las posibles incitaciones a la violencia.

Entonces la cuestión sería, recordando a Sócrates, que todo lo creado no se refiere únicamente a las obras que representan el bien mayor, sino también a las que representan el mal mayor. Tal vez, como dice Borges, la idea de que todo está escrito, nos anula como seres humanos porque nos daría la certidumbre de lo inútil de nuestra creatividad y lo vano de cualquier esfuerzo por aportar algo nuevo al mundo.

Ana Paula Rumualdo Flores

Artículo publicado previamente en Letras Libres en noviembre de 2015.

Sesión inaugural Comité Anticorrupción de la Barra Mexicana Colegio de Abogados

Por Daniela García Rosas

 

Sesión inaugural Comité Anticorrupción de la Barra Mexicana Colegio de Abogados.

El pasado 30 de septiembre, la Barra Mexicana Colegio de Abogados, se congratuló con la presencia del Secretario de la Función Pública- Virgilio Andrade Martínez- en la sesión inaugural de su Comité Anticorrupción, evento llevado a cabo bajo la coordinación de los Maestros Sergio Eduardo Huacuja Betancourt y Enrique Hernández- Villegas.

Al inicio de la sesión- comida realizada en el club 51 de Torre Mayor, los coordinadores del evento dirigieron unas palabras a los presentes, que aunque breves también concisas, al tiempo que agradecieron la asistencia de figuras de gran relevancia jurídica como lo son el vicepresidente de la Barra Mexicana Colegio de Abogados, José Mario de Garza; el coordinador de la Comisión de Ética, Gonzalo Alarcón; Roberto Hernández García como Titular del Comité Anticorrupción de la Cámara de Comercio Internacional y de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa.

En palabras del Maestro Sergio Huacuja “…dentro del contexto de la recientemente publicada reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano se han planteado nuevos mecanismos para enfrentar este cáncer (corrupción) que lacera nuestra sociedad, para lo cual el Ejecutivo Federal ha dado importantes pasos para cumplir con este mandato supremo, por ello es imprescindible conocer cuál es la orientación de la Secretaría de la Función Pública y la interacción que el gremio de abogados frente al tema y fijar una postura axiológica como postulantes, empresarios, consultores, educadores investigadores y servidores públicos y establecer cuál será el papel como agentes de cambio, difusores de la nueva cultura de legalidad…”, lo cual nos lleva a pensar en la extrema importancia que reviste la Secretaría de la Función Pública y en el protagonismo que desde ya, lo inviste y en consecuencia la colosal labor de su titular.

El Secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, a manera de romper el hielo al inicio de su ponencia sobre el “Rediseño Institucional de la Secretaría de la Función Pública frente al nuevo Sistema Nacional Anticorrupción”, manifestó su apertura para que al término de la misma se le hicieran los cuestionamientos que los asistentes quisieran realizarle con un sutil “nada más faltaba”,  acto seguido comenzó su exposición.

Entre los puntos más importantes mencionados en la exposición del Secretario, se encuentran los siguientes:

  1. El Contexto general del Sistema Nacional Anticorrupción, está conformado por las reformas en materia de combate a la corrupción, las reformas en materia de transparencia y por las acciones ejecutivas planteadas el 03 de febrero por el Presidente de la República. Lo que lleva al cuestionamiento sobre ¿Cómo se va a rediseñar la Secretaría frente al sistema, cuáles serán sus atribuciones y sus retos a enfrentar?
  1. La reforma en materia de transparencia es revolucionaria, en el sentido que obliga no sólo a tener la información disponible para quien la solicite, sino que la misma debe estar siempre disponible; asimismo obliga a que mucha de la información que hoy no se estaba acostumbrado a tener, como lo son los elementos presupuestales o de desempeño van a tener que estar en línea sin petición por parte de la ciudadanía; el manejo de la información va a depender de un órgano autónomo; dicha información debe ser proporcionada no sólo por el gobierno federal- entendido como poder ejecutivo- sino que también los otros dos poderes-legislativo y judicial-, los órganos autónomos- en el orden de 9- más los partidos políticos y los sindicatos, a lo cual comentó que será interesante ver la información de éstos respecto de los sueldos de sus funcionarios.
  1. La reforma en materia anticorrupción contempla rubros de extrema relevancia como lo son: la ampliación de la figura de extinción de dominio, casos de enriquecimiento ilícito; así como la división entre faltas graves y no graves en las responsabilidades de los servidores públicos; que ahora la Constitución invita a distinguir de inicio entre faltas graves y no graves, dado que se ha desarrollado un modelo en el que las faltas no graves seguirán siendo sancionadas directamente por a SFP o sus equivalentes, pero las faltas graves pasan a un Tribunal Federal de Justicia Administrativa que será totalmente autónomo.
  1. El primer reto será definir qué faltas serán graves y aquí se apuntaría a que aquello que tenga que ver con corrupción serán graves, pero entonces ¿qué es corrupción? Definición que pudiera involucrar el contenido de tratados internacionales, y por otro lado ¿el conflicto de interés será considerado grave o no grave?
  1. ¿Cuál será el papel de la ASF en la dimensión de la cuentas?, resulta importante y necesario definirlo pues ésta revisa cuentas bajo un principio general de posterioridad, sin embargo con las mencionadas reformas podría aplicar el principio de simultaneidad; y por otro lado ¿Cuál va a ser el papel de la SFP?, ello dado que ésta desarrolla tres grandes tareas: 1. Control y responsabilidad, respecto de conductas graves y no graves de los servidores públicos, para saber cuándo intervendrá el Tribunal; Auditoria, aquí es donde entra el dilema de la división del trabajo entre la SFP y la ASF y  3. Mejora de la gestión.
  1. Las dimensiones de la SFP ya vinculadas a la reforma, se refieren a que ésta tiene como instrumentos la auditoria, el control y del régimen de responsabilidades, así como lo concerniente a la mejora de la gestión y de todo aquello tendiente a generar buen gobierno; el rubro de faltas no graves, mismo que va a tener que ir mas allá de lo punitivo y establecer regímenes de buenas prácticas, por otro lado la pre investigación le seguirá correspondiendo a la Secretaria.
  1. Otra variable o reto a enfrentar por parte de la Secretaría será que con la leyes que completarán las reformas en materia anticorrupción, se modificará el nivel de la intervención de la SFP, leyes que tienen que ver con: coordinación del sistema nacional anticorrupción, responsabilidades de los servidores públicos (graves y no graves); conflicto de interés; sistema de gestión, control y evaluación; la ASF y su reasignación de facultades, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa y sus medios de impugnación y sus facultades de interpretación; y la manera de concebir a la Secretaría en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal.

Al término de la exposición, el maestro Sergio Huacuja abrió el tema a debate, dando como resultado una fructífera retroalimentación e intercambio de opiniones entre los miembros presentes y el titular de la Secretaría de la Función Pública, debate en el que cabe resaltar, no se limitó a ningún asistente respecto de la temática de la pregunta, con lo que queda claro que se tiene la intención por parte del gobierno federal, a través de la  Secretaría de la Función Pública, de interactuar con el sector social y académico para el mejor funcionamiento del recientemente creado Sistema Nacional Anticorrupción.