SERENDIPIA

SERENDIPIA

Testimonio de Ana Paula Rumualdo

Hacer una maestría en el extranjero es una experiencia sumamente enriquecedora, pero decirlo (o escribirlo, en este caso) suena a un lugar tal vez demasiado común. ¿Es que acaso alguien la pasa mal? Si es algo tan bueno, ¿por qué no todas las personas que desean hacerla en algún punto de sus vidas lo logran? Las respuestas varían dependiendo de cada caso, pero se puede encontrar un punto de cierta coincidencia: el financiamiento, la lana. En mi caso, la idea del dinero estuvo a nada de truncar mi propósito. Les cuento la historia desde el principio.

Me independicé de la casa familiar apenas terminé la carrera, quería probar suerte por cuenta propia. Mi sueldo inicial era bajísimo, pero aguanté porque me gustaba la materia en la que trabajaba, aunque mis posibilidades de crecimiento profesional eran inciertas. La idea de estudiar en el Reino Unido rondaba mi mente desde hacía años, aunque estaba consciente de que nadie me iba a disparar los estudios. Sabía que existía CONACyT pero, malas noticias, mi carrera no entraba dentro de sus áreas prioritarias, de modo que al analizar mi solicitud, me enviarían a la cola. Por ahí del tercer año trabajando eché números para ver qué tan cercana o lejana andaba mi meta de irme y quedé muy decepcionada al darme cuenta que la respuesta era: muy lejos. Decidí postergar la aventura indefinidamente y concentrarme en mi desarrollo profesional. En un parpadeo pasaron 6 años más. Tenía un ingreso mejor, pero no me había detenido a reconsiderar la vuelta a las aulas. En ese entonces escribía esporádicamente en una importante revista cultural acerca de las intersecciones entre tecnología, leyes y ciencia ficción. Había logrado hacer lo que quise al iniciar la carrera: unir la pasión por las letras, con la curiosidad y las posibilidades tecnológicas y el conocimiento de las leyes. Mi interés académico se centró en ese tema, así que me puse a buscar universidades británicas que contaran con un programa novedoso que involucrara tecnología y leyes. No buscaba telecomunicaciones, quería algo más. Después de muchísimos clicks di con la maestría en Innovación, Tecnología y Ley en la Universidad de Edinburgh, que incluía robótica y ley e inteligencia artificial y ley como parte de su programa. Me brillaron los ojos cual animé japonés.

A partir de entonces, entrar en ese programa se volvió mi prioridad. Encontré la convocatoria CONACyT-FUNED y noté que estaba destinada a áreas no prioritarias de la convocatoria CONACyT. Me quedaba como anillo al dedo. Me aceptaron en la universidad y el tiempo que siguió se fue entre organización de papeles y trámites para la beca/financiamiento. Cuando los obtuve sentí que ya tenía un pie del otro lado, únicamente me faltaba tramitar un último documento: la visa. Sin ella todo se podía echar para atrás. Qué nervios. Al final me la dieron bien a tiempo y poco tiempo después estaba en el avión con rumbo a lo que sería mi ciudad adoptiva durante un año.

Edinburgh es la capital de Escocia, se encuentra al norte de Reino Unido. Es famosa por el whisky, el tartán, las gaitas, Trainspotting y J.K. Rowling. La universidad es conocida por haber clonado a Dolly y ser el alma mater de David Hume, Charles Darwin, Flora Phillip, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle, R.L. Stevenson. Estaba fascinada. La semana de bienvenida fue genial. Tuve oportunidad de recorrer la universidad completa y mirar todos sus recursos. Su biblioteca, sobre todo la virtual, era un sueño hecho realidad.

Al comenzar el postgrado venía de un ritmo de vida inercialmente acelerado. Dedicarme a estudiar de tiempo completo de nuevo me obligó a hacer una pausa y a evitar que el tiempo se me siguiera escurriendo sin notarlo. Decía Groucho Marx que el tiempo vuela cual plátano. Esa frase siempre me dio risa, pero no la había creído hasta ese momento. Tiene razón, el tiempo no vuela, yo era inconsciente de su paso.

Otra cosa interesante que me dejó la maestría a nivel humano fue el haberme situado en la piel del otro. Al vivir en modo residente fuera de México te toca ser el diferente, el que no es de ahí. Mi otredad terminaba siendo, para los que interactuaban conmigo, la probable explicación a muchas cosas. La gente es amable e inclusiva y Edinburgh es una ciudad muy estudiantil, llena de otros recién llegados. Los nativos parecen haberse acostumbrado a la población en constante cambio en una ciudad que cada año se llena de ojos nuevos y expectantes.

Lo que estudié fue simplemente maravilloso. Cada día aprendía algo nuevo, leía un paper diferente. Leí y analicé hasta el cansancio, tanto que en algún punto sentí una expansión de memoria, cual si fuera máquina. Nada me dio más satisfacción que el conocimiento nuevo. Nada me hacía más feliz que los libros de abogados serios y profesionales cuyos prólogos tienen montón de referencias de ciencia ficción, estar en clases con crítica fundada y debate de buen nivel.

Regresé feliz, con la memoria llena de atardeceres rojos, recorridos espléndidos y un nuevo e inesperado sendero profesional en la mira.

UNIVERSITY OF EDINBURGH (REINO UNIDO)

INNOVATION, TECHNOLOGY AND THE LAW (LLM)

 


 

Texto publicado originalmente en el blog de FUNED.